
Tú, mi compañía.
Autor: nelida capurro
Tú
Simón la mira y su expresión se dulcifica de una manera especial.
Mientras, se revela mentalmente-“El principio de tu vida fue como un coro de ángeles sobre ese horizonte que delimitaba el barral de tu cuna.-
Piensa, -mí mundo se abría con tu llegada, me invadía una extraña paz a tu lado, mientras el canto de los pájaros arrullaba tus sueños.
Desde tu habitación, miraba el mar, pasión de mi vida” y salí de la casa sobre la arena.
En la orilla, un cementerio de algas, hojas y caracoles, delimitaba el lento fluir de las aguas. El sol iba saliendo por sobre el horizonte y todo en derredor se percibía con un tono tornasolado. Un poético añil.
Sentado en una vieja lata de kerosén, Simón con un afilado cuchillo abre habilidoso una gran cantidad de pescados plateados recogidos en el amanecer. En unos momentos más caminaría hasta el malecón y poniendo la mercadería en su mesa de madera, vendería esas piezas para transformar en un poco de dinero los productos recogidas con ese disfrute de la madrugada en el mar.
Su intención era comprar un hermoso caballito de madera, mecedor de ilusiones, para ese personaje de cuento que acompañaba sus horas de vida. Marina su pequeña, que apenas ayer comenzaba a dar sus primeros pasos en su solitaria cabaña.
Ella daba trabajo, con sus horarios de sueño, de comida y de juegos, tan disímiles a los de la vida de pescador, pero Simón ya había podido solucionarlo contando el apoyo de la única mujer que habitaba esa costa y quien ganaba su sustento tejiendo y arreglando las redes de los pescadores. Ella suplía las horas ausentes de Simón y preparaba algunos menjunjes, que Marina ingería con deleite, Sus tareas, las realizaba cambio del alojamiento en la trastienda de la cabaña
Al regreso del dueño, ella se retiraba a su cuarto.
Mientras regresaba con el hermoso regalo, Simón volvía a decir para sus adentros.
-“No cambiaría por nada mi modo de vivir, ni el fin de mi existencia…” Pescador de mar adentro, que esperas la salida de las barcas con deleite y emoción”.
Mientras veía pasar las horas, en esa tarde otoñal, junto a los alambres tendidos en la ribera, veía una fea mancha viscosa que semejaba una forma sin vida.
Una acquaviva, medusa peligrosa que brillaba atracadora y embustera como mirada de mujer, traía a su memoria a esa otra mujer, que, con una mirada esquiva y retobada, declaraba la nueva vida en su vientre pero negando, con desamor, su futura presencia en la tierra, acción que felizmente tuvo fuerzas para revertir, disfrutando hoy de la mas hermosa compañía.
-Esa será la única sombra entre el cielo, el mar, tú y yo, pequeña mía,-dijo abrazando a Marina quien lo recibía con sus pequeños bracitos en alto
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