La despedida muy apresurada me dejó un sentimiento de incomprensión y desamparo, mezclado a la tristeza.
¡Cuanto dolor cabía en ese ocaso invernal!
Era una soledad intensa la que me invadía, yo sabía que era el fin de mis sueños, el corte de mi ilusión.
Era cierto además, que el desamor ocupaba ahora el espacio del amor
La luna, con su pícara mirada, ya no me diría nada más. No vería yo su luz. Estaría enceguecida por el rencor y agobiada por la tristeza
Pero.......
Si algún espacio en mi mente queda, daré paso al furor y me quemaré en sus llamas para que no queden vestigios de ese amor y haré la fuerza que necesite para lograr un nuevo encuentro revelador
sábado, 22 de mayo de 2010

Escultor
Etéreos pliegues esconden tu esbelta figura, disimulando apenas tus formas perfectas y tu faz angelical. Vestales de una era en que los contrastes imperaban en el suelo conquistado. Arte-guerra, amor-odio, belleza y brutalidad.
Los mármoles rígidos fueron dominados por la habilidad del ser humano y ellos representaron con belleza infinita imágenes que hoy al mundo asombran.
Mano y formón, lija y paciencia, sumaron grupos escultóricos a cuales solo el habla les falta
El pliegue, el gesto y el rictus facial dominan la escena. Todo representa ante el mundo, admiración y embeleso.
MEMORIAS
La coqueta amapola, en puntas de pie, besa al abejorro como queriendo partir con su vuelo.
Margaritas, que se deshojan con sus eternas preguntas, atentas a los antojos del picaflor
Lánguidas madreselvas perfumadas esperan bajo su manto la llegada de la pareja amante.
Las alegrías “senza vergoña” llamadas así en algunos países, por estar metidas en todos lados, recuerdan con su inigualable colorido el sendero maravilloso hasta la cascada azul,
El eco del fragor del agua, salpica a la muchachita que espera entre aromas a su galán del momento. Acalorada se refresca en el hilo de agua que desencadena la cascada y se quita sus ropas como Eva en el paraíso.
Allí a su lado, está la cabaña de mis años mozos. Es el cofre de los recuerdos de mis amores furtivos que hoy pueblan mi blanca cabeza y hacen que disfrute del ocaso del ser humano.
La coqueta amapola, en puntas de pie, besa al abejorro como queriendo partir con su vuelo.
Margaritas, que se deshojan con sus eternas preguntas, atentas a los antojos del picaflor
Lánguidas madreselvas perfumadas esperan bajo su manto la llegada de la pareja amante.
Las alegrías “senza vergoña” llamadas así en algunos países, por estar metidas en todos lados, recuerdan con su inigualable colorido el sendero maravilloso hasta la cascada azul,
El eco del fragor del agua, salpica a la muchachita que espera entre aromas a su galán del momento. Acalorada se refresca en el hilo de agua que desencadena la cascada y se quita sus ropas como Eva en el paraíso.
Allí a su lado, está la cabaña de mis años mozos. Es el cofre de los recuerdos de mis amores furtivos que hoy pueblan mi blanca cabeza y hacen que disfrute del ocaso del ser humano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

