La despedida muy apresurada me dejó un sentimiento de incomprensión y desamparo, mezclado a la tristeza.
¡Cuanto dolor cabía en ese ocaso invernal!
Era una soledad intensa la que me invadía, yo sabía que era el fin de mis sueños, el corte de mi ilusión.
Era cierto además, que el desamor ocupaba ahora el espacio del amor
La luna, con su pícara mirada, ya no me diría nada más. No vería yo su luz. Estaría enceguecida por el rencor y agobiada por la tristeza
Pero.......
Si algún espacio en mi mente queda, daré paso al furor y me quemaré en sus llamas para que no queden vestigios de ese amor y haré la fuerza que necesite para lograr un nuevo encuentro revelador
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